viernes, agosto 05, 2016

poem045

Aquélla sustancia que fluye en el cuerpo, que hace tener ganas de vivir, enfrentar los problemas; se me ha terminado.
La cama se convierte en sarcófago eterno donde las horas pasan llorando.
Ya ni el viento entra y las cosas del cuarto me miran con pena.
Extravíe los zapatos y la ropa me tiene asco.
Recuerdo felizmente, las calles sucias, la miseria, la inmunda suerte de los desarropados.
Ni la muerte viene, solo el hambre con migo conversa, que falta para orillarme a un hueco y esperar el colapso.
Las ansias y los sueños son imágenes del techo, el murmullo de otras voces me dan miedo, donde habrá un lugar al que escapar.
Donde podre abandonar mis huesos.


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