Mi corazón no se inmuta con tú dolor ,
se precipita sobre las paredes de esta calle ridícula.
Ya no se vuelve al oír tú voz, aprecia más el silencio, el sol lejano que no incendie tú ira, ni la extinga con lágrimas.
Abrir tu boca, serrar tus piernas, todo es costumbre.
Contigo me acostumbre a comer solo, a soñar callado, a oír la voz sin personas.
viernes, septiembre 23, 2016
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