Cada vez
fingir un sueño,
un aroma,
un anhelo;
la noche
inmaculada de dolor y arenas.
Cada beso,
cada palabra,
solo para justificar mi nesedad, engañar mi propia especie.
Canciones tortuosas,
sarcofagos de invierno,
el mundo en un cuento
que una antigua voz me contó.
Cada mirada,
cada lágrima,
cada nombre eterno en un corazón como el engaño más verdadero.
Empezo todo en un árbol
suspendido en la quebrada,
cada tarde solitaria
de ensueño y desamor.
De amor incontinente, precoz, no correspondido,
ridículo.
Romántico en tiempo de choclos, ingenuo, en el reino de perros. Inocente por faltas al pecado, por fatuo y por insípido.
Tono continuo, repujado, forzoso, demente; estructurado como un bobo de saliva colgante, que demanda perpetuidad, continuar, existir, dejar huella sin llegar a ser nadie.
sábado, noviembre 09, 2019
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