Una sombra joven, sombra de sufrimiento y angustia se ha quedado hace algunos días observandola desde un rincón oscuro de su cuarto, hasta que por fin descide hablarle:
- Hola querida niña, yo soy tú amigo.
Tú amigo imginario
-eres Jesus?
- no, no, yo soy tú...
- Seremos los mejores amigos Jesus.
- Que no soy Jesus.
- Siempre estaré contigo Jesus.
- Que no soy Jesus.
- Tomaremos el té con
todos mis amigos
- Oye no, yo no soy Jesus, olvidalo!
La joven sombra se retira hacia su rincón donde estaba el agujero por donde entra, pero se encuentra de frente con la niña, de rostro de anciana, manos de anciana.
- No te puedes ir.
No puedes dejarme.
Ahora toca jugar
a que te crucificamos.
En la tranquila habitación, en una pared polvorienta se retuerse en una cruz el recuerdo atormentado de una sombra mientras la pequeña niña de bluques dorados y mirada de antaño vigila los rincones de su cuarto.
Amaru castelA.
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