El ají de tu boca
me pica,
los puñales
del pecho
me clavas,
porque
al caminar me camelas
y en tú espalda ardo,
me dejas dolido
me dejas sin alma.
Son, tus piernas
donde vive,
escondido,
solapado,
el deseo, la muerte;
enamorado sí duermes;
mojado sí hablas.
Son locura que me arrancas como miel con tus palabras, el acento que me arrastra, la maldad con que te escapas.
Así, al tiempo turbas, desesperas,
enfermas,
trastornas,
sensual y delicada,
irreconocible amante;
que ya no sirvo para nada,
sino
para llorarte,
en todas partes,
en cada boca,
en cada cama.
Son las aureolas de tus senos,
son mis noches
son mis sueños,
lo profundo del infierno,
es la gloria,
es donde muero;
socavando mis anhelos destiñes mi razón.
La vida envenenas
con aromas de tú pelo
salado al pasar,
limón con hierba buena
y al oírte gritar,
chocolate con ajenjo,
al mirarte,
palo santo pecador
y pez muriendo en la arena,
quiero esa esencia, tú almohada impregnada en mi escozor
y la lluvia dentro de tú océano,
la lluvia de tú cielo.
Amaru castelA.