viernes, mayo 29, 2020

Inclino su cuerpo junto al ventanal panorámico para arreglar la basta de su pantalón enredada en el zapato. Apoyo su mano derecha en el vidrio que se trizo muy rápido, sin darle tiempo a un suspiro.
Con su último ahogo veía borrosa y en rojo, la ventana desde la que cayó.
No terminó ahí, cuando no está flotando en el agua helada de un océano o mirando la interminable playa rocosa; cae y vuelve a caer junto con miles de trozos de cristal. Escucha los gritos y el llanto todo el tiempo.
Amaru castelA.

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