Que nunca se extinga la mano
que toma la bomba lacrimógena
y la regresa al opresor, que nunca se aplaquen las sirenas,
pomposas de motos ponzoñosas,
qué rasgan y amenazan la vida.
Nunca falte la violenta justicia
qué esgrime una estela,
humilde,
de una piedra
contra un tanque estridente de blindaje verde con sangre.
Que nunca los pueblos pierdan
su única y verdadera esperanza,
que nunca ninguna tiranía y peor que ninguna mentira,
encebada en bonanza,
haga olvidar a sus
hijos el dolor de barrigas con hambre,
familias sin casa,
miseria en las caras de fatiga, miedo y confusión.
La vida arrebatada en una promesa del dios
malvado y su pueblo depravado,
triturar en sus dientes,
bebés y viejos, con el
ocaso del desierto.
Que nunca muera la rebeldía, que nunca se vuelva a bajar la
mirada ante el opresor, que los que no cubren sus necesidades básicas no
admiren ni sueñen con los privilegios del destructor voraz.
Que nunca Imperio alguno extermine Gaza,
también está fuera de
tu casa,
se burla de tu gente,
destroza Palestina y
viene a cobrar la
renta, la deuda usureada,
escupe al mundo su inhumana, insostenible e hipócrita confesión.
Que se imponga sobre la verdadera y última solución. La
equidad, la justicia y la paz.
Amaru castelA.
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