Tu serás el altar, la ofrenda y el sacrificio. Yo seré el
agua que te explote y renueva.
Seré la copa con veneno qué traspase tus miedos y penetre al
infierno,
hasta lograr caminar por el cielo
de tus más intensos deseos
y lloveremos juntos
hasta un mundo sediento
qué sufra nuestras muertes y nuestro avivamiento.
Llueve con migo desde las nubes, desde tu pelo, con gotas de
tus labios, con gritos de tus senos. Con el Tambor de tus caderas, al ritmo del
notiempo,
candente y continuo como aguacero del océano, como la selva
en movimiento en profundo duelo, por la vida, por la muerte, como a segundos
del fin.
Llueve desde dentro, al tronar tu corazón, con latidos en el
tiempo y con saliva en tu pezón,
el agua recorriendo tus muslos con amor, con lujuria
encendía
hasta quemar la
desilusión. Llueve agua, llueve fuego
en miradas.
En lo que calla nuestro amor.
Amaru castelA.
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