miércoles, noviembre 11, 2015

MONSTRUOS EN LOS ANDES


Aplasta la hierva solitaria,
allá, en la angustia distante
jadea, arrastra la infancia
a su edén macabro.
La víctima es sacrificio
de un caramelo,
juguete de trapo que muere
no etiende ni puede,
nuevos infiernos en su cuerpo.
El ríe,
gime,
éxtasia al cielo,
explota en mil cuchillos
su veneno,
diez, en sus manos ahogan
la justicia.
Corre luego por horror
secreto insepulto,
acomoda la culpa
en su miseria.
Bebé agua angustia
mastica pan duró
hasta que otra mañana
se fija en otros ojos puros.
La demencia lo justifica,
la ley no lo condena,
compra dulces por cinco centavos
y se vuelve emisario del diablo.
Alguna vez en su llanto
pregonaba "pena de muerte"
para los malvados.

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