que con maleva supremacía ha desquiciado la progenie,
con mentiras de muerte destruye la vida y la hace no natural.
Israel debe desaparecer,
que se siente de una vez
en el trono de Salomón
el anticristo destructor,
y que el bien y el pecado reinen y no se castre el color.
En el llanto de las flamas,
las criaturas en llamas,
la inocencia sepultada,
deje de regar el futuro
con la sangre del exterminio.
El pueblo elegido, supremacía divina,
dios ciega y cosecha con el mismo abono.
Israel debe pagar conjuntamente con su dios, que el amor encadenado bajo el lago,
bajo las montañas, que el calor de Babilonia,
del tártaro y del Seol,
libremente penen y se liberen
y llenen el vacío de las mentes
que les temen y a donde se condenan.
Por justicia, por divina clemencia, hay que destruir a Israel.
Amaru castelA.
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