lunes, mayo 23, 2016

Me gusta tu presencia,
el aire a penitencia y pecado
que mueve tu cabeza cuando hablas.
Tú inmenso cráneo potente cubierto de seda , oleaje infinito e inmenso y mueves  tu boca.
Luego la inclinas,
la turbas,
detienes al universo, al tiempo.
hablas; y ahora te escucho;
torrente recoveco, de todas las cloacas del continente, que violan al mar.
Sigues el panfleto de las hembras domésticadas, q no termina, no pasa,
se atora en el aire hasta que por fin callas.
vuelvo a mirar la armonía de tu cuerpo,
natural brisa que mueve tus montañas,
mueves tu cabeza, y es todo lo que quiero de ti.

Amaru castelA.

Dulce veneno para ingerir en sociedad,
amargo fuego de labios fríos
en la encerada sala de la música.

!se ama una sola vez!
!con todo!
!con toda la sangre!, !con la muerte!

Ya intoxicado desciendo a las dunas,
un levante de polvo líquido
marca blanco el sendero,
de tu huida,
de mi desgracia;
desciendo en él y no te encuentro.

Depósito menesteroso de huesos enropados,
antes elegantes,
antes decentes y pulcros
que desgriman al viento toda su soez hombría,
todo su poder liviano y perdido.

y sólo escuchó tus pasos
!tu huida!
?cómo proponer una máxima?
?cómo practicar una sensatez?
?cómo eregir el amor y tu felicidad?
si nada de eso importa
importa mi inminencia
mi único urgencia de posesión.

Amaru castelA.

Enseñame a tejer
mujer desmancada,
mujer reducida a órgano
ayudame a entender.

Entrenzame el pelo mientras desmembras mi cabeza.

Mujer sobajada, !Enseñame!
a tocar, insertar, voltear, apretar:
el látigo de la lengua,
la sucia agua de los ojos,
el veneno amargo del orden,
la mórbida telaraña del amor.

Teje la bajeza y amarra la indignidad,
en silencio, a suaves murmullos,
la estúpida jerarquía
del orden funesto
con tus plumas caricia.

Tuerce mis dedos y teje un chal
tinturalo con sangre,
deja mi alma en sus puntadas
luego visteme, quemalo,
con migo dentro;
nunca confíes en sensatez
ni te fíes de sentimientos.

Amaru castelA.

Cual gemido estrujado
pierden tus palabras eco
y ternura  las horas
que dejan vacía mi copa.

Una vez ancle mi amor
y resulte sin puerto,
desconcertado  y al fondo,
a la deriva, muerto.

La transparencia tibia de una melodía
arranca mi viento
mi lluvia, mi desierto;
una lágrima, una queja ,

que mustia y desgarrada
exhala mi alma,
agónico infortunio,
gemidos que hieren
angustia que draga,

dolor artero
que sin darme cuenta
aparece
me envuelve
me enloquece
en un gemido de tus palabras.

Amaru castelA.

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