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Amo en mi la vida, la de los otros, que fenece en un movimiento, las flores cuando ya están en el basurero . Amo la rigidez muda, lejana en el universo, de un perro atropellado sin patria ni afectó, mi cuerpo lastimado enfermo de mi.  Amo las manos frías, amo las bocas chuecas de gritos cuadrados, la prepotencia del incapaz, las piernas mustias y la urgencia del impotente que pregona su éxito. Amo existir en mi soledad, amo el relleno de la miseria, la ruptura del techo donde sale la lluvia. Amo la basura que es el mundo, a mi Quitó que empieza a degenerar, amo los rostros muertos aunque nunca voy al cementerio, salgo de casa y no voy por las calles tránsito por las quebradas, las gradas destruidas donde viven las ratas. Y amo todo eso por que debo continuar, por que es todo lo que tengo.
triste y deshilada se filtra la melodía funesta, el viento arresia va opacando la tarde, las ramas gimen, bailotean, se deshace mi lápida y se desmenusa la tierra. el cofre, frío y obtuso se abre, me recibe una única idea, !tú! tú belleza, tú aliento, tú compañía aunque la mía no quieras y el mundo me lástima, sólo salgo a buscarte entre estos charcos de raíces secas, bajo este cielo amargo de soledad entera, me lástima la tierra con sus hijos y sus temas. Te encuentro para que también me lastimes y me aborrezcas, pero me quedó ahí lejos y cerca, a distancia eterna, mirándote, odiandote, y odiando lo que soy, cavilando cobarde hasta que un fuego me atreva, sarpar con tu vida, saciar mi pena...

MONSTRUOS EN LOS ANDES

Aplasta la hierva solitaria, allá, en la angustia distante jadea, arrastra la infancia a su edén macabro. La víctima es sacrificio de un caramelo, juguete de trapo que muere no etiende ni puede, nuevos infiernos en su cuerpo. El ríe, gime, éxtasia al cielo, explota en mil cuchillos su veneno, diez, en sus manos ahogan la justicia. Corre luego por horror secreto insepulto, acomoda la culpa en su miseria. Bebé agua angustia mastica pan duró hasta que otra mañana se fija en otros ojos puros. La demencia lo justifica, la ley no lo condena, compra dulces por cinco centavos y se vuelve emisario del diablo. Alguna vez en su llanto pregonaba "pena de muerte" para los malvados.

Cazadored

Una llovizna triste y aburrida enfría su piel pálida que resplandece con la lumbre que enciende su cigarrillo. Arrimado a las rejas de la pequeña tienda de barrio, oculta su mano con el cerillo del viento, un fuerte golpe lo azota hacia afuera y su nariz queda justo en el cañón de una pistola glob. Con el mismo movimiento que lo ataco, su mano queda en la mandíbula del atacante, empujando, tronando , fracturando su cráneo contra el metal de la esquina de la puerta. Una dulce bocanada de humo, tras una sonrisa, su dedo va a sus labios en señal de silencio, mientras mira fijamente a la dependiente de la tienda. Antes de irse arroja una moneda sobre la víctima. Al día siguiente muy en la mañana un agente de la policía impone sobre los ojos de la tenderá una foto. - ha visto a esta joven señora? - no, nunca lo he visto. - pero ? cómo no va ha verlo? es el cadáver que levantamos ayer de aquí. - ha, si lo he visto, entonces. - pero tenía pelo largo y un abrigo negro. -
- odio mi vida, las estrellas, la luna, a dios. se repetía mientras pateaba las piedras negras del asfalto. - !tener que trabajar mañana que es feriado! seguía lamentándose -maldigo la luz, al sol, ... cuando llegó bajo la ventana de su novia de donde salió arrojado un feto humano.
cuando yerta mi alma independiente proceda, el sol ya no me lastime y un féretro me sostenga, cálido y profundo, cuando el aroma indiferente el llanto del vino, la mirada oposa ni me incite. Tocad tres veces el badajo de hierro, yo oiré la flauta del hada pálida y ligera, Tocad tres veces la campaña para que pueda levantarme, encontrar la puerta. pero nunca, nunca, me sientan pena por que muerto ya estoy, cuando me miran cuando conversan.
somos noche de dolor en vela, la víctima llorante que sostiene el arma de su verdugo, y le ayuda. somos luz tergiversada, fractal entre lágrimas, luz que pretende ser opaca, dañada, sólo por no ser la luz que brilla anticuada. somos desatino y destiempo aunque nos uniforme nuestra propia palabra.
dame tu cálido existir , mis manos hielo estremecen tu espalda, fina tira broche candela boca muerde escarcha, frágil llama niña se retuerce no se apaga por que tus ojos en besos ardientes me refuerzan, tu voz de niña exaspera las glándulas de todos alrededor, mis manos siguen frías alargando la vida temblando musitando gimiendo el pan caliente de otro mundo.