Cada calle, cada casa,
cada plaza, todo tiene su tristeza,
su oscuridad,
hay que mirarla sin dejar que se nos entre,
sin llevarla.
Amo a Quito, mi ciudad,
pero no le perdono
y nunca perdonaré
lo que hace
a sus hijos extraviados,
que se pierden en gradas
viendo siempre para abajo,
al inframundo.
Tan deviles, tan callados,
matices esmaltados
de macetas sin geranios,
rotas,
andan solos, empedrados,
sol-insolentes
garuas infectuosas
sombras y adoquines
que piensan tiritando
que el sol los lastimaría
y que nadie los quiere,
una lámpara de alcohol
genera sus días
entre tejados de caña y tol
una copa sucia
de azucena y repujado
suscita su muerte.
Te amo Quito, en el ojo de cada perro atropellado,
en el cilencio de cada niño destrozado,
risa de tus maldicientes
llanto de la injusta tranquilidad maldita de tú letargo.
Decadentes recuerdos de pañuelos
rojos y viejos,
cajones de revolución. La muerte de dios entre tus labios, para ser más exacto en la facultad de filosofía, en la omnipotente escuela de exactas. Los faroles tiemblan, la pileta se oscurese, el asfalto brilla de miedo, con piedras y disparos, mientras los judas se retuercen. Nosotros en la terraza.
Interminable cortejo de gradas, entre cafés y cigarros. Humo en el pasillo y en las pizarras, ya de vidrio. Mi negra, las marchas, ser selecto y ser secreto. Una suca, una gata, los chapas, la internacional comunista, la diferencial, la derivada, la canción del che Guevara, sus ojos, sus miradas, su boca, sus senos, el amor, el deseo, pero sobre, sobre todo
el pueblo.
Miles de profesores abusivos que te disparan con su no saludo, misóginos, aburridos, que ni siquiera la clase preparan.
Mas mediocres en sus castillos, en las bancas y claro el sueño de la niña que no se casa aunque este embarazada.
Humo, mucho humo, de dos a seis meses, lacrimogia y consultas,
tareas no entregadas,
tú blusa de leopardo, mejillas rosadas, ojos atrapados, tus jeans verdes, la terraza.
Miles de cafes en el bar de Comercio. Tus besos, los besos, el karaoque y baile cada fin de semana,
la cervesa, las huecas.
De todos un amigo, un body.
Aprender a ser humano, aprender a huir del vano
sistema que nos ha tocado.
El amor como fuerza y la bondad como suprema evolución de la inteligencia, el método científico, la dialéctica, mis hijas en las protestas, en el trabajo comunitario. Todas tú, a quienes tanto extraño. Los camaradas, los amigos,
parece todo ser de otro mundo.
Amaru castelA
Ya todo terminó,
lágrimas recorren el camino
de épocas donde murió el amor,
yo solo quiero eschucharte decir
que estarás bien,
que serás feliz
mientras me adentro a la vera oscura de tú olvido.
Sollozas un no te alejes,
musitas un no me olvides.
Sin verte, sin tenerte inventaré un mundo
en los pedazos de nuestro cariño.
Insertidumbre viajera que azotará mi tristeza,
Idilio muerto que removerá la melancolía
cada tarde, cada día
inventaré tu acento,
un dulce momento en que me digas que estas bien,
que estas contenta.
Y así pasará la vida, pasará el tiempo. Un día en un sendero pasarás junto a mí
sin dramas, sin remordimientos, tú inmersa en tú destino. Yo perdido en tú dolor.
Amaru castelA.
Hoy quiero morir,
arrojarme a los presipicios de mis complejos,
cortarme con mis sueños rotos
y dejar que me aplaste
la absurda incapacidad.
Hoy me quiero morir,
dejar de pelear con el mundo, avandonar el sustento seguro,
el aire conocido y la cálida comodidad y su probecho.
Salir sin defensas al mundo, negar la ilusión del tiempo, embriagarme e irresistiblemente enamorar al viento y a todos los ojos que me dan miedo.
Morir así sin temor
sin sufrimiento, por odio, por amor, con dolor y contento,
ir muriendo mil años, las noches, las madrugadas
con la felicidad en los labios y los deseos a la punta de los dedos.
Satisfecho y cansado, avergonzado y temeroso, hoy quiero morir sin arrepentimiento
sin pasado
sin añorar nada,
que ya todo haya sido rebasado.
Amaru castelA.
GEOMÉTRICA
Dos puntos somos tú y yo
la línea es el amor,
el círculo la humanidad,
un gato es el unfinito.
La cruz es el miedo,
un triángulo la brutalidad.
Un perro es un perro
la felicidad!
El cuadrilátero es una cerca
y un niño es el centro
que un poligono engaña.
Los números unen el cielo con el mar
y los símbolos son las lágrimas,
las emociones del mundo.
Pero un borrador!
Un borrador es la libertad!
Amaru castelA.
Universidad Central.
Decadentes recuerdos de pañuelos
rojos y viejos,
cajones de revolución. La muerte de dios entre tus labios, para ser más exacto en la facultad de filosofía, en la omnipotente escuela de exactas. Los faroles tiemblan, la pileta se oscurese, el asfalto brilla de miedo, con piedras y disparos, mientras los judas se retuercen. Nosotros en la terraza.
Interminable cortejo de gradas, entre cafés y cigarros. Humo en el pasillo y en las pizarras, ya de vidrio. Mi negra, las marchas, ser selecto y ser secreto. Una suca, una gata, los chapas, la internacional comunista, la diferencial, la derivada, la canción del che Guevara, sus ojos, sus miradas, su boca, sus senos, el amor, el deseo, pero sobre, sobre todo
el pueblo.
Miles de profesores abusivos que te disparan con su no saludo, misóginos, aburridos, que ni siquiera la clase preparan.
Mas mediocres en sus castillos, en las bancas y claro el sueño de la niña que no se casa aunque este embarazada.
Humo, mucho humo, de dos a seis meses, lacrimogia y consultas,
tareas no entregadas,
tú blusa de leopardo, mejillas rosadas, ojos atrapados, tus jeans verdes, la terraza.
Miles de cafes en el bar de Comercio. Tus besos, los besos, el karaoque y baile cada fin de semana,
la cervesa, las huecas.
De todos un amigo, un body.
Aprender a ser humano, aprender a huir del vano
sistema que nos ha tocado.
El amor como fuerza y la bondad como suprema evolución de la inteligencia, el método científico, la dialéctica, mis hijas en las protestas, en el trabajo comunitario. Todas tú, a quienes tanto extraño. Los camaradas, los amigos,
parece todo ser de otro mundo.
Amaru castelA.
BRUJA.
Mujer que caminas
con el viento de cabello,
botas embarnizadas en plumas y sueños, caderas de melodía,
sonajas de medio momento,
olor a canela, vino tinto y ceresos.
Mujer transparente
hilo rojo contento,
flores grises y celestes,
manos dulces, pies serenos.
Ojos brujos
los más bellos
del templo, del invierno,
tú que no te apuras y nunca pides tiempo
diles a las nubes cuando llueva, diles
cuando duermo.
Aproxima tú frescura,
enciende en el incienso
tus deleites de otro mundo
la dulzura de tus secretos,
dame un mundo, un pendiente,
el anillo de tus deseos,
dame los manatiales de tus senos
los simientos del universo,
dame tu cuerpo y llevate mi alma.
Como lobos que han cazado, como los truanes con sueldo, agujas en la lengua, cuchillas en los dedos. No te ampare sus envidias ni te encuentre su malverso. Empuja hacia la oscura indiferencia sus recuerdos, que se pasmen, que se sequen, que se pierdan en un desierto todos aquellos que se oponen a la frescura de tus besos.
Amaru castelA.
DoRMIR.
Dormir cuando la lluvia canta,
dormir, mientras el cuerpo se descompensa,
dormir, en dos metros de indiferencia,
dormir, mientras el mundo colapsa.
Olvidar el pasado y su belleza,
no pensar, en futuros ni sobresaltos,
soñar en un mundo sin tristeza,
sin dolor, sin amor ni enfados.
Negar la realidad y el entendimiento,
apartar el placer y el sufrimiento,
dejar todo a la oscuridad, vivir contento,
dejar lejos los problemas y el sustento.
Cálido sarcofago mullido
donde no se conoce al viento
ni se habla del auxilio,
donde el sueño, un día será eterno.
Amaru castelA.
CORAZóN (pasillo).
El corazón se revuelca
y se levanta,
el corazón se asemeja
a cuál ave pasajera
que indiferente nos canta
y conmueve con su pena
incomprendida y extraña,
de que ya nadie la interpreta
y de que ya nadie la reclama.
El corazón desdeña
el afecto inconsecuente,
la avaricia vana
y el ego delincuente
que esconde y miente,
que aparenta y engaña.
El corazón se revuelca
frente a las palabras,
se retuerce y se enferma
en las oscuras aguas
de ocultas desdichas.
Aflora entre lágrimas
la emoción de un susurro
y en las noches calladas
busca en soledad
su alivio.
Amaru castelA.
TÚ, MI ALMA (pasillo).
Con aji de tu boca me quiero picar,
con los puñales de tu pecho
traspasar mi alma,
porque,
tu caminar la camela
y se va tras tu espalda.
En tú trensa vive
escondida, solapada,
enamorada cuando duermes
ensendida cuando te bañas.
Y así, a mi cuerpo vuelve, desparramada,
enferma, trastornada,
irreconocible y pujante
que ya no sirve para más nada,
solo,
para mirarte en todas partes
y en mi boca pronunciarte.
Las aurolas de tus senos
son mis noches
son mis sueños,
la profundidad de tu pelo
es el vilo
que respiro,
que sofoca mi cuerpo
y destiñe mi razón.
Que mi vida envenena
tú aroma a hierba buena
a limón con menta
a ruda con aji,
así, quiero tener tu esencia
para pintar con tu olor mi cuarto,
mi lecho, mi vida
y tener la alegría de caminar junto a ti,
pegadito a tú espalda.
Quiero picarme con el ají de tú boca,
emborracharme con el veneno de tus labios,
quiero hundirme en tus abismos
niña loca,
perderme en los torrentes de tú falda.
Amaru castelA.
TE QUIERO.
Te quiero! Y me trago tu anzuelo,
el sedal,
el cabello enredado,
tus ojos filosos y negros que trazan la herida donde se desparraman mis ganas.
Mis días desde que vi tu redonda cadera,
apretada, son como un plato de mote sin carne ni sal, sin fritada, que extraña el cilantro, la pegajosa grasa y
dejan tu falta en mis labios
estrepitosos como el mar.
Te quiero, en mis manos, en mi cuarto, te quiero mi niña en poema,
susurro leve en la penumbra
de una estancia oculta
de aromas, de flores secas y madera.
Te quiero con fiebre, con angustia,
entre tanta abstinencia que mi mundo se revierte
y pierdo mi conciencia
y mi alma por ti se vende, se esclavisa.
Acepto tú humillación y tú desprecio
sí consigo tan solo un gesto,
de ti una caricia.
Te quiero y a mi condena.
Amor cadente y enfermizo,
como el alcohólico en la taberna,
admirando su vaso cenizo y la puerta.
Pero aún sea la más grave consecuencia
cómo podría dejar este vicio?
Sí cuando miro tus senos de seda,
cuando caminas y yo veo entre tus piernas
el infierno que tanto deseo. Vivo y sueño, y te quiero, en mi pecho, en mis muslos, te quiero. Te quiero con mi pena.
Amaru castelA.
Femicidio.
Más que un escarmiento esto es una inhumación, un rosario de tragedias y ruegos que han podrido tú alma.
Siento tus dientes fracturar mi mandíbula,
la saliva sangiinea de una traquea triturada, falanges primates en mecánica involución, se esconden en conceptos la falacia de tú amor, de tú necesidad baja de reproducir.
Perpetro incontenible en las falditas, en las muñecas, en la ropa de escaparate que tú mismo me diste, por la que me sentencias, con la que ahogas mi vida mientras de lejos retimbran ecos de mi risa niña preparando la víctima para la expiación.
Siento tú instinto fósil moverse sobre la tierra, entre mis viceras. Con codicia espeluznante, pala a pala con odio atormentado, con venganza por los besos, por los momentos irreales. Con tu amor en la boca pastosa y mortesina, con tus golpes, con tus insultos siento tu medio centímetro de poder aplastandome.
La bulla lejana, el comentario morboso, escandalo y duda, mi nombre sin mí.
Siento la pena compartida, la culpa injusta, vergüenza ajena que ofende a algún patriarca eximió.
Una cadena que me retiene, una estaca que me sostiene, una caja que no proteje, los gusanos que me desgarran y en cada uno tú rostro. Asi soy pasto, soy polvo que vuelve a sucumbir, que otra vez se violenta, que cada vez se pisotea.
Merma el hecho de existir, de ser libre como slogan y mentira, de creer en las palabras, de sentir, los juegos con los que me convencias, siento las heridas en el respeto ajeno. Merma el amor que es lo que más duele.
Amaru castelA.
Te quiero! Y me trago tu anzuelo,
el sedal,
el cabello enredado,
tus ojos filosos y negros que trazan la herida donde se desparraman mis ganas.
Mis días desde que vi tu redonda cadera
apretada, son como un plato de mote sin carne ni sal, sin fritada, que extraña el cilantro, la pegajosa grasa y
dejan tu falta en mis labios
estrepitosos como el mar.
Te quiero, en mis manos, en mi cuarto, te quiero mi niña en poema,
susurro leve en la penumbra
de una estancia oculta
de aromas, de flores secas y madera.
Te quiero con fiebre, con angustia,
entre tanta abstinencia que mi mundo se revierte
y pierdo mi conciencia
y mi alma por ti se vende, se esclavisa.
Acepto tú humillación y tú desprecio
sí consigo tan solo un gesto,
de ti una caricia.
Te quiero y a mi condena.
Amor cadente y enfermizo,
como el alcoholico en la taberna,
admirando su vaso cenizo y la puerta.
Pero aun sea la más grave consecuencia
cómo podría dejar este vicio?
Sí cuando miro tus senos de seda,
cuando caminas y yo veo entre tus piernas
el infierno que tanto deseo. Vivo y sueño, y te quiero, en mi pecho, en mis muslos, te quiero. Te quiero con mi pena.
Amaru castelA.
Solo nos dejan la muerte,
el coraje, la vergüenza,
el honor como justificación máxima,
sólo les queda perderse.
Y se ha de matar, ya no hay salida
como en un sueño lejano de gente vacia,
de gente mentira y langosta
que destroza el mundo por su comodidad.
En lastimera obsesión su destrozo,
progreso a voz que de un pozo,
fosa común donde niños atentos escuchan anogenados
para luego oir la tierra, los gusanos, su suerte.
Solo nos queda resistir,
poner de un lado al alma y la felicidad
enmarcar nuestras caras con silicios y huesos y luchar, luchar por la vida.
Con el canto forestal de nuestra liberdad, en el silencio sepulcral de la noche ha de gritar.
Que primero se extinga el mundo antes que nuestra dignidad.
Amaru castelA.
La almohada gimiente,
la sabana toalla,
la sombra en la cama de posición imposible,
la tarde traumada desde un rincón en penumbras,
tú cuerpo doblado en el cajón de pañuelos.
Tus labios blasfemos,
tus odios que cortan mientras pretendo valor,
tus ojos expulsan,
tus manos golpean,
tus cabellos son redes atrapadas en dolor.
Por qué amaneció?
Por qué, mejor no me mentíste?
Todos los segundos se riegan en tu piel,
todos los cariños ya son muecas de desprecio.
El desazón y la congoja te impulsan a ofender
y tu victima resignada solo repite tu condena,
le busca argumento,
lo justifica,
se maldice,
pide perdón...
Morir por ti
al borde del pasado,
sentir tu amor
como un puñal en vilo
de esta cruel pasión
que me mantiene vivo
pese a tú fiel dolor
que me prefiere muerto.
Porque no hay razón
de tanta inconsecuencia.
Porque no hay dolor
para el alma desvalida
que rompa el corazón
y lo convierta en cenizas,
nunca hay razón
de tanta intolerancia.
Sentir, a un paso la muerte
saber, que en tu rostro se refleja
mirar el odio que me tienes,
pedir perdón y no tener respuesta.
Amaru castelA.
La pequeña de buqles dorados y vestidos de tul, era cuidada permanentemente por los ancianos de la vieja casona, solo unos momentos al ocaso permanecía sola en su hermética habitación.
Una sombra joven, sombra de sufrimiento y angustia se ha quedado hace algunos días observandola desde un rincón oscuro de su cuarto, hasta que por fin descide hablarle:
- Hola querida niña, yo soy tú amigo.
Tú amigo imginario
-eres Jesus?
- no, no, yo soy tú...
- Seremos los mejores amigos Jesus.
- Que no soy Jesus.
- Siempre estaré contigo Jesus.
- Que no soy Jesus.
- Tomaremos el té con
todos mis amigos
- Oye no, yo no soy Jesus, olvidalo!
La joven sombra se retira hacia su rincón donde estaba el agujero por donde entro, pero se encuentra de frente con la niña, de rostro de anciana, manos de anciana.
- No te puedes ir.
No puedes dejarme.
Ahora toca jugar
a que te crucificamos.
El la tranquila habitación, en una pared polvorienta se retuerse en una cruz el recuerdo atormentado de una sombra mientras la pequeña niña de bluques dorados y mirada de antaño vigila los rincones de su cuarto.
Amaru castelA.
Entre las almas turbias del rio Machangara mis palabras hundidas nunca florecen, como el muerto bailan al silencio, con eco, sesando, durmiendo.
Voz de implociones y venenos,
sacudidas y vientos,
violentos, preteritos, desgarrados...
Movimientos desmarcando su eterna quietud, su sensual mutismo,
el loto nunca floreció, los rios de Amaguaña cantan en mi ventana, otra tierra, otro viento, voz que ya no reconozco impugna entre desconocidos aromas de petalos y un nuevo sol.
Entre la vida y la muerte cabe la imaginación, entre drama y destrucción el placer del sexo, luego la culpa y al fin la melancolía.
La tristeza del amor como simple caceria
se extingue, todo esta dicho para la eternidad, perpetuo instinto del ser, de ocupar un lugar va desperdigandose, fui una bombilla que pretendía encender el oscuro oceano roto.
Te he buscado desde hace tanto, mi desolada alma.
Amaru castelA.
Armo un castillo de tierra ceniza, con restos del naufragio de mi vida. Casi todo se perdió con el sol lejano y extraño que me ha desconocido.
Palabras de tristeza y odio, la congoja entre charcos de cariño diluido en problemas y tedio. Un trozo preterito de desolada estancia, de un hogar, las ollas podridas de huida trunca, tres girones de lo que fue el amor y un muñeco descuartizado por el rencor.
La obra de mis manos, las concecuencias de mis acciones, deciciones erradas, el cansancio, la locura, el poco caracter que amase.
Todo, miles de reproches me traspasan y la culpa en su bravura me angustia, sin esperanza, sin remedio, de frente al futuro que yo mismo desolle.
Arrastro en el camino unos trapos que cada ves que los miro me refriegan tu nombre en el rostro. Recuerdo haber aceptado el precio. Haberte empujado al sacrificio y vilmente negarte. Desconocerte y asi haberte dejado de amar, por una locura, por una quimera fugaz, efimera y traiconera.
Recuerdo haber elevado mi necedad a ilusión pero ya el tajo ha abierto la herida, he perdido mi pasado, mis sueños y solo queda buscar otro personaje para poder ser, otra vida, talvez respetable, con careta incluida para continuar.
Amaru castelA.
No eres una cosa que se besa en lo oculto, un dulce helado que se lame ante las miradas ausentes, una presa que se agarra donde nunca entra el sol. No eres la víctima que se pervierte y degenera en la piedra.
No eres lluvia ni luz, eres caudal tormentoso, la bruma melosa que nubila los ojos, eres lascivia espesa que hunta la piel. Prohibida demonia que otorga la vida. Eres una diosa del paraiso del placer.
Inconciente y meliflua, sempiterna y caprichosa. Tú divina manera y tú irresistible poder me sumergen en tu mundo donde solo soy un calabera, la brea en desuso, un ingente sin ser.
Y asi me tratas, me llevas bajo tus pies, arrastrado en tú desprecio hasta que un viento milagroso, providencia del placer, te convierte en la fiera con sed de mi desquicio, de mi padecer.
Y renasco en la lujuria, se destrozan las cadenas y soy lo que debí ser; pero tú último gemido, me anula, me vuelve a pervertir.
Amaru castelA.
Dice dios:
"Sean uno
en la unidad"...
De la fila primera. Ella se levanta de su silla, viene a mi. Me besa, entre pastoso sabor a sangre y aire alcalino.
Dice zatanas al oido:
"se diferente, en la diferencia esta tú poder"...
Ella se sienta en mis piernas, mete mis manos a su falda. Baja un ángel enojado y grita:
"Dios ayuda al fuerte el débil merece la muerte".
Salimos de la mano, del templo donde se juntan las manos.
Enroscados en un instinto mágico. Con la angustia de la certeza, de la obligación perdemos algo en cada beso, en cada cópula, en cada almuerzo que se deshace al aire mientras la soga ahorca.
"Bienvenida hermana muerte, por mi también vendrás, de mi no te olvidarás"...
Se oye el grito de la vida encadenada a este simulacro de vivir cada viernes con una cerveza.
La escupen. La bituperan, la niegan.
Se visten de colores con su mortaja blancusca teñida con sus reglas, pero calcarea siempre.
Sonrisas de domingo. Ojos tristes y apagados por la negación autoinflingida. Todos en su sitio, representando la narrativa de un loco que odió a la humanidad.
Amaru castelA.
Editado 2019 enero
Chocolate amargo, cabernet a pico, copas, almohadas, luz opaca, lluvia ventana, viento cortinas y en tu boca mi espina baila. Que rico ...