lunes, febrero 18, 2019

Entre las almas turbias del rio Machangara mis palabras hundidas nunca florecen, como el muerto bailan al silencio, con  eco, sesando, durmiendo.


Voz de implociones y venenos,

sacudidas y vientos,


violentos, preteritos, desgarrados...


Movimientos desmarcando su eterna quietud, su sensual mutismo,


el loto nunca floreció, los rios de Amaguaña cantan en mi ventana, otra tierra, otro viento, voz que ya no reconozco impugna entre desconocidos aromas de petalos y un nuevo sol.


Entre la vida y la muerte cabe la imaginación, entre drama y destrucción el placer del sexo, luego la culpa y al fin la melancolía.


La tristeza del amor como simple caceria


se extingue, todo esta dicho para la eternidad, perpetuo instinto del ser, de ocupar un lugar va desperdigandose, fui una bombilla que pretendía encender el oscuro oceano roto.


Te he buscado desde hace tanto, mi desolada alma.

Amaru castelA.

En la juventud uno de mata buscando un camino, para enterarse a la vejez que ser libre es no tener camino.

LA LIBERTAD ES NO TENER NINGUN CAMINO.

Amaru castelA.

Armo un castillo de tierra ceniza, con restos del naufragio de mi vida. Casi todo se perdió con el sol lejano y extraño que me ha desconocido.


Palabras de tristeza y odio, la congoja entre charcos de cariño diluido en problemas y tedio. Un trozo preterito de desolada estancia, de un hogar, las ollas podridas de huida trunca, tres girones de lo que fue el amor y un muñeco descuartizado por el rencor.


La obra de mis manos, las concecuencias de mis acciones, deciciones erradas, el cansancio, la locura, el poco caracter que amase.


Todo, miles de reproches me traspasan y la culpa en su bravura me angustia, sin esperanza, sin remedio, de frente al futuro que yo mismo desolle.


Arrastro en el camino unos trapos que cada ves que los miro me refriegan tu nombre en el rostro. Recuerdo haber aceptado el precio. Haberte empujado al sacrificio y vilmente negarte. Desconocerte y asi haberte dejado de amar, por una locura, por una quimera fugaz, efimera y traiconera.

Recuerdo haber elevado mi necedad a ilusión pero ya el tajo ha abierto la herida, he perdido mi pasado, mis sueños y solo queda buscar otro personaje para poder ser, otra vida, talvez respetable, con careta incluida para continuar.


Amaru castelA.

No eres una cosa que se besa en lo oculto, un dulce helado que se lame ante las miradas ausentes, una presa que se agarra donde nunca entra el sol. No eres la víctima que se pervierte y degenera en la piedra.


No eres lluvia ni luz, eres caudal tormentoso, la bruma melosa que nubila los ojos, eres lascivia espesa que hunta la piel. Prohibida demonia que otorga la vida. Eres una diosa del paraiso del placer.


Inconciente y meliflua, sempiterna y caprichosa. Tú divina manera y tú irresistible poder me sumergen en tu mundo donde solo soy un calabera, la brea en desuso, un ingente sin ser.


Y asi me tratas, me llevas bajo tus pies, arrastrado en tú desprecio hasta que un viento milagroso, providencia del placer, te convierte en la fiera con sed de mi desquicio, de mi padecer.


Y renasco en la lujuria, se destrozan las cadenas y soy lo que debí ser; pero tú  último gemido, me anula, me vuelve a pervertir.


Amaru castelA.

Dice dios:


"Sean uno


       en la unidad"...


De la fila primera. Ella se levanta de su silla, viene a mi. Me besa, entre pastoso sabor a sangre y aire alcalino.

Dice zatanas al oido:


"se diferente, en la diferencia esta tú poder"...


Ella se sienta en mis piernas, mete mis manos a su falda. Baja un ángel enojado y grita:


"Dios ayuda al fuerte el débil merece la muerte".

Salimos de la mano, del templo donde se juntan las manos.

Enroscados en un instinto mágico. Con la angustia de la certeza, de la obligación perdemos algo en cada beso, en cada cópula, en cada almuerzo que se deshace al aire mientras la soga ahorca.

"Bienvenida hermana muerte, por mi también vendrás, de mi no te olvidarás"...

Se oye el grito de la vida encadenada a este simulacro de vivir cada viernes con una cerveza.

La escupen. La bituperan, la niegan.


Se visten de colores con su mortaja blancusca teñida con sus reglas, pero calcarea siempre.

Sonrisas de domingo. Ojos tristes y apagados por la negación autoinflingida. Todos en su sitio, representando la narrativa de un loco que odió a la humanidad.

Amaru castelA.

Editado 2019 enero

viernes, enero 04, 2019

Recuerdo la tarde, la banca de piedra, la pequeña fuente de forma a cajonada, extraña, cuadrangular. Tus ojos, la conversación sobre Satre y Simone de Beauvoir. Solo tú entiendes cuando hablo de esos temas.
Recuerdo la llovizna, la sombrilla negra. El sentimiento de pequeñez que me ha causado el filósofo frente a la feminista, lo mínimo que me ha parecido lo mínimo que yo me siento frente a ti. Al fin una mujer de tal inteligencia y belleza no se merece solo la libertad.
Me imagino y presupuesto todo lo que puedo ofrecerte: Libertad, confianza, pasión, erotismo, tal vez una opinión no tan fatua y simplista de las cosas; pero sé lo que una hermosa y culta mujer desea. 
Es difícil explicar cuando lo perdí, ése componente de romanticismo y sensibilidad. El instinto de protección que antes tantas veces me funciono en el terreno de Casanova. Las transparencias surrealistas que prendía en las pupilas de tantos sueños subconscientes de doncellas que me oían. 
Pero lo perdí. Puedo describir el mundo al revés y al derecho, creando divergentes y tangentes existencia listas, libertinas, dogmáticas, dialécticas; pero no puedo enfrentarme a la inocencia de una ilusión promontorio que desase ideas e inyecta dopa mina, serotonina, cuyo vuelo transforma en invencible, eterno, desquiciado pero verdadero el amor entre dos.
Por eso no puedo dejar de pensar en Satre, en cuando leí la nausea, sus cuentos, la descripción que hace de su existencia, de su amor.
Yo, aún más patético por ser menos capaz muero en incertidumbre ante tus ojos de dimensiones astro lógicas, ante los latidos de tú voz, de tú cercanía.
Es condena constante, cruel, sin plazo porque aún seguiré cada día en otra fuente, con otro café, con otro cigarro hablando de lo que solo tú entiendes sin poderte decir lo que sientes, que yo siento.

Nací para ser infeliz porque nací indio, negro, pobre, explotado.
Los explotadores, los ricos, los empresarios, los religiosos, pregonan resignación, consuelo, contento con lo que tocó vivir.
Pregonan la paz, la paz de su estancia lujosa llena de bocados dulces y deliciosos, pregonan la libertad de sus negocios, de ganar dinero con el esfuerzo del que trabaja por la sobrevivencia diaria, pregonan el amor de fantasias tontas que justifican el sufrimiento y la injusticia con promesas vanas.
Nací para ser infeliz y me han arrancado el coraje para poder cambiar.
Nací para ser feliz y me engañan con una vida de slogan de un centro comercial.
Nací para ser feliz pero me mantienen infeliz, enfermo, inmóvil, servil con la culpa de un dios que me aniquila.
Amaru castelA.

lunes, diciembre 17, 2018

CONSTANTE.


Una boca constante de besos redondos, mojados,


un cuello flagelado de espigadas mordidas,


los pechos concisos, duros, irrigados de candente yeso que se deshace en los dedos.


Tu barriga perforada, constante, trampa de arenas movedisas desde donde pescar tus muslos blandos, frescos, resbalosos, es mortal para obtener la posición correcta, poderosa, que no interrumpa la penetración a tu mente.


Dominar mil gaviotas, millones en cardumen, seres de movimiento constante, rítmico, fosforecente, que me absorven, que me pierden y convierten en una sola masa con tigo.


Con tigo que no se quien eres pero que ya somos uno, en un solo movimiento, turbio, violento, apagado, constante.


Y luego, el silencio, el vacio, la calma.

Amaru castelA.

Poema x las fiestas de Quito.


Yo vivo en otro Quito


el Quito Andino


el Quito pobre,


despreciado,

de gatos mojados y perros hambrientos.


Yo vivo en un Quito frío, lleno de desamparo.

Donde mira el Inti con lástima desde un jilguero, donde la luna rompe en tormenta para tomar sus rosas, sus manos, la palpitante víctima del escenario, por no ser blanca, por ser la mofa, por existir fuera del argumento.


Grita una leyenda escrita desde el genocidio:


"Dios ayuda al fuerte, el débil merece la muerte"


Y los Apus callan. Los protectores desconocen. Las Mamas dan la espalda.


Pero Quito sigue, ardiente nido de violentas rafagas, de vida, de almas, de lluvia tolerancia hasta que la olla hirviente caiga, hasta que todos en un puño quebrantan, hasta que partes del mismo shungo quebrantan,


hasta que almas del mismo viento quebrantan, destruyan, renueven la tierra y miren al cielo directo, al sol recto, al mismo centro del universo.


En la mitad del mundo, justo en el centro de la tierra, yo vivo en otro Quito, frío y del desamparo.

Amaru castelA.

CORAZÓN HERIDO


(Pasillo)

Corazón herido


que arrastro sangrante


por un mundo frío


por esta cruel gente.


Lo llevo casi vivo


siempre doliente y terco


ciego, desesperado,


por tu esquina lo paseo.


Así sangra y llora


vive sin consuelo


perdido en recuerdos


de chicha con jora.


Asi, sonriendo a su desdicha


clavando penas en su herida


vive buscandote en la muerte


vive buscandote sin vida.

Amaru castelA.

martes, diciembre 04, 2018

Dejemos de ser tan civilizados, tan tolerantes. Lo que nos falta es ser más barbaros, arrogantes que a filo de puñetazo defendamos las verdades, nuestra clase, la vida de quienes amamos. La vida de los que callen.


Ya no seamos espirituales, encarnadas fieras con sangre enemiga en las falanges.

Luchemos por dignidad e implantemos nuestra libertad. Bebamos su sangre, desvalijemos sus bondades, la historia nos juzga y el futuro no tiene aguante.


Volvamos por el sendero oscuro sin tecnologías ni postverdades.


Tú que miras una injusticia que en tanta inteligencia no cabe, solo abre las ternillas, siente un rayo fulminante y lanzate por tú conciencia hasta que el opresor calle.


Amaru castelA.

Domingo triste ( pasillo )


El sol enciende la lejanía,


pronto arribará la noticia


de aquella sepultura efluvia


donde mi dolor se ajisticia.

Nació triste pero sin llanto


en medio de sombras y encanto,


nació en las sobras del espanto


al saber que tu amor me traicionó.

Mi dolor ya camina

se escomde y martiriza,


hace daño a quien lo mira


domingo triste que cicatriza.

Llegó la tarde en herejía,


la penunbra y el sucumbir.


Sí solo vieras mi agonía


tal vez llorarás por mi.

Amaru castelA.


 


Vestirme bien? Para que? El rosario de penas aplasta mi espejo.


Salir a dar la vuelta? Para complacer a quien? Al tedio. Al fastidio que rien y conversan en cuerpos ridículos.


Mi cuerpo se atrofia, se amasa con cada minuto, con cada viento. El frío lo llevo dentro y la confusión me rebasa. Un dolor tenue, discreto, profundo es ahora mi rutina.


Debí morir a los veintiuno, fragante, limpio, constante. Ya de nada sirve hechar la culpa a los padres o encaminar la escusa hacia dios.


Nada, solo. Sin ambiciones realizadas, ya sin sueños y sin amor. Lo único que me espanta, que me levanta es la cruel dureza de los recuerdos. Como si ninguno fueta bueno.


Por qué en la vida el vino pierde su color? Por qué la seda negra y voluptuosa se deshace en un rincón?


Más de que sirve un lamento, la realidad es única y no se conmueve por un llorón.


De que sirve alegrarse, vestitse, embriagarse. De esta celda no sales sino siendo cartón.


Amaru castelA.

Hablan los ricos de su gobierno,


de su libertad.


Hablan de su historia y de sus heroes, del exito de una familia sobre todas las de la región.


Siempre hablan de religión y no importa lo que ellos hagan, el pobre siempre es el pecador.


Hablan como pájaro febril y consenso. Como si todos los explotados estubiesen de acuerdo. Como su democracia impuesta con dinero, como sus periodistas veatos del dueño. Hablan como el extinto monarca de cretinidad.


Y como ellos hablan habla la clase media, levantando la narz y hundiendose en deudas, ridículos hablan y hablan, defienden y ensalsan a su acreedor, a su creador de pompas indalgadas por televisión.


Ya cansan. Ya aturden. Sí se quedaran solos, digo sin el trabajador. A quien luego explotasen?

Amaru castelA.

El Gato de San Diego.

Se que corres por las flores


del cementerio de San Diego,


frecuentas muzas apagadas


en los estancos de la Caldas.

Entre nieves mistelas, ardes


emposada ente higos y sorsales,


derivas tus pasos a la escalinata


entre azucar y pan de alguna beata.

Rosales, pájaros y manantiales, sapos. Gatos, yo soy un gato.


Va rechinando una zarsuela


desde hace mil quinientos años.


Pobre jitanilla imprudente


perdió entre aplausos su tiempo


y entre abrazos su silencio

quedo dormido,

quedo en las ramas.

Una garúa, pozo traslucido y caña,


viento tristesa irreconocible,


innombrable, todos la recuerdan

al fondo de sus vasos

pero nadie nunca la  nombra.

Milquinientos años la he visto,


maullidos espolonarios, soy un gato, no se por que nadie la escucha,


no se porque nadie la canta.

Sí tan solo la vieran, su tristeza, su condena. Talvez no lloveria sobre el viejo asfaltado.


Talvez las piedras de los estancos no se abrirían.


Talvez la vieja Caldas no penaría y las flores del cementerio no se marchitarían.

Amaru castelA.

Me hace daño mirarte


ver tus ojos que me miran,


tu boca que se habre,


tu nariz que me respira.


Me hace daño interpretarte,


leer el ansia en tu mirada,


me consume, me apaga, me enciende


y desvarata, me deja sin control.


En la inmovilidad del tiempo


me hace daño tu proximidad,


tener a un beso el infierno,


un botón que desate el final.


Me mata negarme a ti


negar las ganas que soy,


ver tus ojos que se mueren


en el mismo deseo que yo.


Amaru castelA.


CORAZÓN HERIDO

Corazón herido


que arrastro sangrante


por un mundo frío


por esta cruel gente.


Lo llevo casi vivo


siempre doliente y terco


ciego, desesperado,


por tu esquina lo paseo.


Así sangra y llora


vive sin consuelo


perdido en recuerdos


de chicha con jora.


Asi, sonriendo a su desdicha


clavando penas en su herida


vive buscandote en la muerte


vive buscandote sin vida.

Amaru castelA.

Amaguaña.


Llueve en Amaguaña y el tiempo pasa en una sola dirección. Desde la ventana niebla, montaña, árbol, ochenta plantas en cinco metros. Aroma flores, tierra, rio San Pedro y alfeniques de anis.


La casa cálida, antigua, es un corazón donde mis hijos palpitan, mis gatos ya no salen, les gusta estar aqui.

Llueve en Amaguaña con una lluvia tan romantica, raudal, blanca. El café se impregna por todas partes, las paredes se endulzan de azucar y el divino pan se troza, se desgarra en falanges.

Pasa el tiempo con otro ritmo. Aqui se alargan los días melcochas y el vino oscurece la melodía, la tarde sinuosa. Aparece la noche violenta, violeta, afuera parece hacer tanto frío y aqui se siente tanta armonía.


Las gentes caminan, me miran. Desconfiadas cruzan, pocas gentes. Las exactas, todo es tan libre, todo tiene tanto espacio, aire, fuego, calor.


Llueve en Amaguaña y canta y resuena en la noche apagada, lejana.

Amaru castelA.

Texto dada.


Llegó el borracho cantante, omnipotente, turbado por su presencia.


- Por que no te callas? meritoriamente - le preguntó al poeta que sostenía el vino vulgar y barato.


- porque el pan ha subido - respondió el poeta agachando tristemente la cabeza.


Tomole del brazo violentamente mientras la bailarina de escuadras retrocedia con una gesticulación de horror.


- yo te enseñaré -


- solo yo canto aqui - decia mientras a jalones lo subía al púlpito.


De súbito cayó el cura muerto , sin pan, sin vino y siendo suplantado por un poeta que a punta de estoque repetía los versos de un degenerado cantante.


Todos repetian:


Traigan el pan.


- Traigan el pan. Que ya no tengo cuerpo.


Traigan la sangre.


- Traigan la sangre. Que quiero refregar el piso del baño.


Traigan la paloma.


- Traigan la paloma que violó a la niña, para el caldo de la media noche.


Traigan la virgen.


- Traigan la virgen y lloren, lloren, porque nació mujer.

Amaru castelA.

Que rico

Chocolate amargo,  cabernet a pico, copas, almohadas,  luz opaca,  lluvia ventana, viento cortinas  y en tu boca  mi espina baila. Que rico ...