Hay quien podrá ser azucar,
quien sea sal del mundo,
yo amargo soy
hiel y ajenjo
que a quien intoxiqua torna ciego
o sobrecogá y muere.
Amaru castelA.
Te quiero! Y me trago tu anzuelo,
el sedal,
el cabello enredado,
tus ojos filosos y negros que trazan la herida donde se desparraman mis ganas.
Mis días desde que vi tu redonda cadera
apretada, son como un plato de mote sin carne ni sal, sin fritada, que extraña el cilantro, la pegajosa grasa y
dejan tu falta en mis labios
estrepitosos como el mar.
Te quiero, en mis manos, en mi cuarto, te quiero mi niña en poema,
susurro leve en la penumbra
de una estancia oculta
de aromas, de flores secas y madera.
Te quiero con fiebre, con angustia,
entre tanta abstinencia que mi mundo se revierte
y pierdo mi conciencia
y mi alma por ti se vende, se esclavisa.
Acepto tú humillación y tú desprecio
sí consigo tan solo un gesto,
de ti una caricia.
Te quiero y a mi condena.
Amor cadente y enfermizo,
como el alcoholico en la taberna,
admirando su vaso cenizo y la puerta.
Pero aun sea la más grave consecuencia
cómo podría dejar este vicio?
Sí cuando miro tus senos de seda,
cuando caminas y yo veo entre tus piernas
el infierno que tanto deseo. Vivo y sueño, y te quiero, en mi pecho, en mis muslos, te quiero. Te quiero con mi pena.
Amaru castelA.
Solo nos dejan la muerte,
el coraje, la vergüenza,
el honor como justificación máxima,
sólo les queda perderse.
Y se ha de matar, ya no hay salida
como en un sueño lejano de gente vacia,
de gente mentira y langosta
que destroza el mundo por su comodidad.
En lastimera obsesión su destrozo,
progreso a voz que de un pozo,
fosa común donde niños atentos escuchan anogenados
para luego oir la tierra, los gusanos, su suerte.
Solo nos queda resistir,
poner de un lado al alma y la felicidad
enmarcar nuestras caras con silicios y huesos y luchar, luchar por la vida.
Con el canto forestal de nuestra liberdad, en el silencio sepulcral de la noche ha de gritar.
Que primero se extinga el mundo antes que nuestra dignidad.
Amaru castelA.
La almohada gimiente,
la sabana toalla,
la sombra en la cama de posición imposible,
la tarde traumada desde un rincón en penumbras,
tú cuerpo doblado en el cajón de pañuelos.
Tus labios blasfemos,
tus odios que cortan mientras pretendo valor,
tus ojos expulsan,
tus manos golpean,
tus cabellos son redes atrapadas en dolor.
Por qué amaneció?
Por qué, mejor no me mentíste?
Todos los segundos se riegan en tu piel,
todos los cariños ya son muecas de desprecio.
El desazón y la congoja te impulsan a ofender
y tu victima resignada solo repite tu condena,
le busca argumento,
lo justifica,
se maldice,
pide perdón...
Morir por ti
al borde del pasado,
sentir tu amor
como un puñal en vilo
de esta cruel pasión
que me mantiene vivo
pese a tú fiel dolor
que me prefiere muerto.
Porque no hay razón
de tanta inconsecuencia.
Porque no hay dolor
para el alma desvalida
que rompa el corazón
y lo convierta en cenizas,
nunca hay razón
de tanta intolerancia.
Sentir, a un paso la muerte
saber, que en tu rostro se refleja
mirar el odio que me tienes,
pedir perdón y no tener respuesta.
Amaru castelA.
La pequeña de buqles dorados y vestidos de tul, era cuidada permanentemente por los ancianos de la vieja casona, solo unos momentos al ocaso permanecía sola en su hermética habitación.
Una sombra joven, sombra de sufrimiento y angustia se ha quedado hace algunos días observandola desde un rincón oscuro de su cuarto, hasta que por fin descide hablarle:
- Hola querida niña, yo soy tú amigo.
Tú amigo imginario
-eres Jesus?
- no, no, yo soy tú...
- Seremos los mejores amigos Jesus.
- Que no soy Jesus.
- Siempre estaré contigo Jesus.
- Que no soy Jesus.
- Tomaremos el té con
todos mis amigos
- Oye no, yo no soy Jesus, olvidalo!
La joven sombra se retira hacia su rincón donde estaba el agujero por donde entro, pero se encuentra de frente con la niña, de rostro de anciana, manos de anciana.
- No te puedes ir.
No puedes dejarme.
Ahora toca jugar
a que te crucificamos.
El la tranquila habitación, en una pared polvorienta se retuerse en una cruz el recuerdo atormentado de una sombra mientras la pequeña niña de bluques dorados y mirada de antaño vigila los rincones de su cuarto.
Amaru castelA.
Entre las almas turbias del rio Machangara mis palabras hundidas nunca florecen, como el muerto bailan al silencio, con eco, sesando, durmiendo.
Voz de implociones y venenos,
sacudidas y vientos,
violentos, preteritos, desgarrados...
Movimientos desmarcando su eterna quietud, su sensual mutismo,
el loto nunca floreció, los rios de Amaguaña cantan en mi ventana, otra tierra, otro viento, voz que ya no reconozco impugna entre desconocidos aromas de petalos y un nuevo sol.
Entre la vida y la muerte cabe la imaginación, entre drama y destrucción el placer del sexo, luego la culpa y al fin la melancolía.
La tristeza del amor como simple caceria
se extingue, todo esta dicho para la eternidad, perpetuo instinto del ser, de ocupar un lugar va desperdigandose, fui una bombilla que pretendía encender el oscuro oceano roto.
Te he buscado desde hace tanto, mi desolada alma.
Amaru castelA.
Armo un castillo de tierra ceniza, con restos del naufragio de mi vida. Casi todo se perdió con el sol lejano y extraño que me ha desconocido.
Palabras de tristeza y odio, la congoja entre charcos de cariño diluido en problemas y tedio. Un trozo preterito de desolada estancia, de un hogar, las ollas podridas de huida trunca, tres girones de lo que fue el amor y un muñeco descuartizado por el rencor.
La obra de mis manos, las concecuencias de mis acciones, deciciones erradas, el cansancio, la locura, el poco caracter que amase.
Todo, miles de reproches me traspasan y la culpa en su bravura me angustia, sin esperanza, sin remedio, de frente al futuro que yo mismo desolle.
Arrastro en el camino unos trapos que cada ves que los miro me refriegan tu nombre en el rostro. Recuerdo haber aceptado el precio. Haberte empujado al sacrificio y vilmente negarte. Desconocerte y asi haberte dejado de amar, por una locura, por una quimera fugaz, efimera y traiconera.
Recuerdo haber elevado mi necedad a ilusión pero ya el tajo ha abierto la herida, he perdido mi pasado, mis sueños y solo queda buscar otro personaje para poder ser, otra vida, talvez respetable, con careta incluida para continuar.
Amaru castelA.
No eres una cosa que se besa en lo oculto, un dulce helado que se lame ante las miradas ausentes, una presa que se agarra donde nunca entra el sol. No eres la víctima que se pervierte y degenera en la piedra.
No eres lluvia ni luz, eres caudal tormentoso, la bruma melosa que nubila los ojos, eres lascivia espesa que hunta la piel. Prohibida demonia que otorga la vida. Eres una diosa del paraiso del placer.
Inconciente y meliflua, sempiterna y caprichosa. Tú divina manera y tú irresistible poder me sumergen en tu mundo donde solo soy un calabera, la brea en desuso, un ingente sin ser.
Y asi me tratas, me llevas bajo tus pies, arrastrado en tú desprecio hasta que un viento milagroso, providencia del placer, te convierte en la fiera con sed de mi desquicio, de mi padecer.
Y renasco en la lujuria, se destrozan las cadenas y soy lo que debí ser; pero tú último gemido, me anula, me vuelve a pervertir.
Amaru castelA.
Dice dios:
"Sean uno
en la unidad"...
De la fila primera. Ella se levanta de su silla, viene a mi. Me besa, entre pastoso sabor a sangre y aire alcalino.
Dice zatanas al oido:
"se diferente, en la diferencia esta tú poder"...
Ella se sienta en mis piernas, mete mis manos a su falda. Baja un ángel enojado y grita:
"Dios ayuda al fuerte el débil merece la muerte".
Salimos de la mano, del templo donde se juntan las manos.
Enroscados en un instinto mágico. Con la angustia de la certeza, de la obligación perdemos algo en cada beso, en cada cópula, en cada almuerzo que se deshace al aire mientras la soga ahorca.
"Bienvenida hermana muerte, por mi también vendrás, de mi no te olvidarás"...
Se oye el grito de la vida encadenada a este simulacro de vivir cada viernes con una cerveza.
La escupen. La bituperan, la niegan.
Se visten de colores con su mortaja blancusca teñida con sus reglas, pero calcarea siempre.
Sonrisas de domingo. Ojos tristes y apagados por la negación autoinflingida. Todos en su sitio, representando la narrativa de un loco que odió a la humanidad.
Amaru castelA.
Editado 2019 enero
CONSTANTE.
Una boca constante de besos redondos, mojados,
un cuello flagelado de espigadas mordidas,
los pechos concisos, duros, irrigados de candente yeso que se deshace en los dedos.
Tu barriga perforada, constante, trampa de arenas movedisas desde donde pescar tus muslos blandos, frescos, resbalosos, es mortal para obtener la posición correcta, poderosa, que no interrumpa la penetración a tu mente.
Dominar mil gaviotas, millones en cardumen, seres de movimiento constante, rítmico, fosforecente, que me absorven, que me pierden y convierten en una sola masa con tigo.
Con tigo que no se quien eres pero que ya somos uno, en un solo movimiento, turbio, violento, apagado, constante.
Y luego, el silencio, el vacio, la calma.
Amaru castelA.
Poema x las fiestas de Quito.
Yo vivo en otro Quito
el Quito Andino
el Quito pobre,
despreciado,
de gatos mojados y perros hambrientos.
Yo vivo en un Quito frío, lleno de desamparo.
Donde mira el Inti con lástima desde un jilguero, donde la luna rompe en tormenta para tomar sus rosas, sus manos, la palpitante víctima del escenario, por no ser blanca, por ser la mofa, por existir fuera del argumento.
Grita una leyenda escrita desde el genocidio:
"Dios ayuda al fuerte, el débil merece la muerte"
Y los Apus callan. Los protectores desconocen. Las Mamas dan la espalda.
Pero Quito sigue, ardiente nido de violentas rafagas, de vida, de almas, de lluvia tolerancia hasta que la olla hirviente caiga, hasta que todos en un puño quebrantan, hasta que partes del mismo shungo quebrantan,
hasta que almas del mismo viento quebrantan, destruyan, renueven la tierra y miren al cielo directo, al sol recto, al mismo centro del universo.
En la mitad del mundo, justo en el centro de la tierra, yo vivo en otro Quito, frío y del desamparo.
Amaru castelA.
CORAZÓN HERIDO
(Pasillo)
Corazón herido
que arrastro sangrante
por un mundo frío
por esta cruel gente.
Lo llevo casi vivo
siempre doliente y terco
ciego, desesperado,
por tu esquina lo paseo.
Así sangra y llora
vive sin consuelo
perdido en recuerdos
de chicha con jora.
Asi, sonriendo a su desdicha
clavando penas en su herida
vive buscandote en la muerte
vive buscandote sin vida.
Amaru castelA.
Dejemos de ser tan civilizados, tan tolerantes. Lo que nos falta es ser más barbaros, arrogantes que a filo de puñetazo defendamos las verdades, nuestra clase, la vida de quienes amamos. La vida de los que callen.
Ya no seamos espirituales, encarnadas fieras con sangre enemiga en las falanges.
Luchemos por dignidad e implantemos nuestra libertad. Bebamos su sangre, desvalijemos sus bondades, la historia nos juzga y el futuro no tiene aguante.
Volvamos por el sendero oscuro sin tecnologías ni postverdades.
Tú que miras una injusticia que en tanta inteligencia no cabe, solo abre las ternillas, siente un rayo fulminante y lanzate por tú conciencia hasta que el opresor calle.
Amaru castelA.
El sol enciende la lejanía,
pronto arribará la noticia
de aquella sepultura efluvia
donde mi dolor se ajisticia.
Nació triste pero sin llanto
en medio de sombras y encanto,
nació en las sobras del espanto
al saber que tu amor me traicionó.
Mi dolor ya camina
se escomde y martiriza,
hace daño a quien lo mira
domingo triste que cicatriza.
Llegó la tarde en herejía,
la penunbra y el sucumbir.
Sí solo vieras mi agonía
tal vez llorarás por mi.
Amaru castelA.
Vestirme bien? Para que? El rosario de penas aplasta mi espejo.
Salir a dar la vuelta? Para complacer a quien? Al tedio. Al fastidio que rien y conversan en cuerpos ridículos.
Mi cuerpo se atrofia, se amasa con cada minuto, con cada viento. El frío lo llevo dentro y la confusión me rebasa. Un dolor tenue, discreto, profundo es ahora mi rutina.
Debí morir a los veintiuno, fragante, limpio, constante. Ya de nada sirve hechar la culpa a los padres o encaminar la escusa hacia dios.
Nada, solo. Sin ambiciones realizadas, ya sin sueños y sin amor. Lo único que me espanta, que me levanta es la cruel dureza de los recuerdos. Como si ninguno fueta bueno.
Por qué en la vida el vino pierde su color? Por qué la seda negra y voluptuosa se deshace en un rincón?
Más de que sirve un lamento, la realidad es única y no se conmueve por un llorón.
De que sirve alegrarse, vestitse, embriagarse. De esta celda no sales sino siendo cartón.
Amaru castelA.
Hablan los ricos de su gobierno,
de su libertad.
Hablan de su historia y de sus heroes, del exito de una familia sobre todas las de la región.
Siempre hablan de religión y no importa lo que ellos hagan, el pobre siempre es el pecador.
Hablan como pájaro febril y consenso. Como si todos los explotados estubiesen de acuerdo. Como su democracia impuesta con dinero, como sus periodistas veatos del dueño. Hablan como el extinto monarca de cretinidad.
Y como ellos hablan habla la clase media, levantando la narz y hundiendose en deudas, ridículos hablan y hablan, defienden y ensalsan a su acreedor, a su creador de pompas indalgadas por televisión.
Ya cansan. Ya aturden. Sí se quedaran solos, digo sin el trabajador. A quien luego explotasen?
Amaru castelA.
El Gato de San Diego.
Se que corres por las flores
del cementerio de San Diego,
frecuentas muzas apagadas
en los estancos de la Caldas.
Entre nieves mistelas, ardes
emposada ente higos y sorsales,
derivas tus pasos a la escalinata
entre azucar y pan de alguna beata.
Rosales, pájaros y manantiales, sapos. Gatos, yo soy un gato.
Va rechinando una zarsuela
desde hace mil quinientos años.
Pobre jitanilla imprudente
perdió entre aplausos su tiempo
y entre abrazos su silencio
quedo dormido,
quedo en las ramas.
Una garúa, pozo traslucido y caña,
viento tristesa irreconocible,
innombrable, todos la recuerdan
al fondo de sus vasos
pero nadie nunca la nombra.
Milquinientos años la he visto,
maullidos espolonarios, soy un gato, no se por que nadie la escucha,
no se porque nadie la canta.
Sí tan solo la vieran, su tristeza, su condena. Talvez no lloveria sobre el viejo asfaltado.
Talvez las piedras de los estancos no se abrirían.
Talvez la vieja Caldas no penaría y las flores del cementerio no se marchitarían.
Amaru castelA.
Me hace daño mirarte
ver tus ojos que me miran,
tu boca que se habre,
tu nariz que me respira.
Me hace daño interpretarte,
leer el ansia en tu mirada,
me consume, me apaga, me enciende
y desvarata, me deja sin control.
En la inmovilidad del tiempo
me hace daño tu proximidad,
tener a un beso el infierno,
un botón que desate el final.
Me mata negarme a ti
negar las ganas que soy,
ver tus ojos que se mueren
en el mismo deseo que yo.
Amaru castelA.
CORAZÓN HERIDO
Corazón herido
que arrastro sangrante
por un mundo frío
por esta cruel gente.
Lo llevo casi vivo
siempre doliente y terco
ciego, desesperado,
por tu esquina lo paseo.
Así sangra y llora
vive sin consuelo
perdido en recuerdos
de chicha con jora.
Asi, sonriendo a su desdicha
clavando penas en su herida
vive buscandote en la muerte
vive buscandote sin vida.
Amaru castelA.
Amaguaña.
Llueve en Amaguaña y el tiempo pasa en una sola dirección. Desde la ventana niebla, montaña, árbol, ochenta plantas en cinco metros. Aroma flores, tierra, rio San Pedro y alfeniques de anis.
La casa cálida, antigua, es un corazón donde mis hijos palpitan, mis gatos ya no salen, les gusta estar aqui.
Llueve en Amaguaña con una lluvia tan romantica, raudal, blanca. El café se impregna por todas partes, las paredes se endulzan de azucar y el divino pan se troza, se desgarra en falanges.
Pasa el tiempo con otro ritmo. Aqui se alargan los días melcochas y el vino oscurece la melodía, la tarde sinuosa. Aparece la noche violenta, violeta, afuera parece hacer tanto frío y aqui se siente tanta armonía.
Las gentes caminan, me miran. Desconfiadas cruzan, pocas gentes. Las exactas, todo es tan libre, todo tiene tanto espacio, aire, fuego, calor.
Llueve en Amaguaña y canta y resuena en la noche apagada, lejana.
Amaru castelA.
Texto dada.
Llegó el borracho cantante, omnipotente, turbado por su presencia.
- Por que no te callas? meritoriamente - le preguntó al poeta que sostenía el vino vulgar y barato.
- porque el pan ha subido - respondió el poeta agachando tristemente la cabeza.
Tomole del brazo violentamente mientras la bailarina de escuadras retrocedia con una gesticulación de horror.
- yo te enseñaré -
- solo yo canto aqui - decia mientras a jalones lo subía al púlpito.
De súbito cayó el cura muerto , sin pan, sin vino y siendo suplantado por un poeta que a punta de estoque repetía los versos de un degenerado cantante.
Todos repetian:
Traigan el pan.
- Traigan el pan. Que ya no tengo cuerpo.
Traigan la sangre.
- Traigan la sangre. Que quiero refregar el piso del baño.
Traigan la paloma.
- Traigan la paloma que violó a la niña, para el caldo de la media noche.
Traigan la virgen.
- Traigan la virgen y lloren, lloren, porque nació mujer.
Amaru castelA.
Chocolate amargo, cabernet a pico, copas, almohadas, luz opaca, lluvia ventana, viento cortinas y en tu boca mi espina baila. Que rico ...